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Gloria, una joven de 22 años de edad, vive en un poblado tradicional, en el este de Ghana, donde los servicios de aborto y los métodos anticonceptivos no sólo son difíciles de obtener sino también comúnmente desaprobados. Ella ha tenido dos abortos sin informar a sus padres por temor de que la echen a la calle. Gloria sabía que continuar con su embarazo significaría el fin de sus estudios; por lo tanto, pidió la ayuda de una amiga e intentó inducir un aborto utilizando una mezcla de plantas locales y piedras, que molió para crear una pasta e introducirla en el útero. Al ver que eso no funcionaba, Gloria se insertó una rama en el útero. Después del segundo aborto autoinducido — con una botella rota, agua de mar y detergente — dijo ella, “Sangré y sangré y sangré durante más de cinco días”. Gloria ahora vive con dolor constante y se niega a consultar a un médico. El estigma es tan grande que Gloria ni tan siquiera se atreve a consultar a su propia madre, una partera profesional.

En Ghana existe una de las leyes más progresistas de aborto. Sin embargo, pese a la liberalización de la ley, el acceso de las mujeres a los servicios de aborto es sumamente limitado. El aborto inseguro continúa siendo una de las principales causas de mortalidad materna en Ghana. Hoy en día, Ghana se enfrenta al reto de hacer cumplir la ley actual de aborto al máximo grado posible, con el fin de conservar la salud y la vida de las mujeres.

Fundada en el año 2006, con sede en Accra, Ipas Ghana es una voz importante en una coalición nacional de entidades gubernamentales y organizaciones sin fines de lucro unidas para disminuir las tasas de muertes y lesiones maternas. Ipas Ghana aboga por el acceso de las mujeres a la gama completa de servicios de salud reproductiva, incluidos los de planificación familiar y aborto seguro.