Los sistemas de salud deben hacer más por atender las necesidades de anticoncepción postaborto de las mujeres jóvenes, dice un estudio

miércoles, 21 de febrero de 2018

La anticoncepción postaborto es una parte esencial de los servicios de atención integral del aborto. Cuando el/la prestador/a de servicios le ofrece a la mujer consejería y métodos anticonceptivos en el momento de efectuar el aborto en una unidad de salud, es probable que ella elija un método, según un nuevo estudio de Ipas.

Pero el estudio encontró que las adolescentes, que corren mayor riesgo de tener embarazos no intencionales y abortos inseguros, son menos propensas a dejar la unidad de salud con un método, comparadas con las mujeres de 25 años o más. Publicado en la revista Global Health: Science and Practice, el estudio a gran escala analizó datos de las experiencias de casi un millón de mujeres en 4,881 unidades de salud, en 10 países en Asia y África subsahariana.

Janie Benson, autora principal del estudio y antigua directora del programa de investigación de Ipas, dice que para poder atender mejor a las jóvenes y adolescentes es necesario fortalecer las políticas, los protocolos, la capacitación de prestadores de servicios y los servicios: “Cuando se brinda apoyo programático a los sistemas de salud —tal como capacitación para quienes proporcionan consejería y servicios de anticoncepción postaborto— existe un gran potencial de llegar a las jóvenes y adolescentes”.

Como parte del estudio, Ipas brindó apoyo programático a sistemas de salud en 10 países (Ghana, Nigeria, Sierra Leona, Uganda, Zambia, Bangladesh, India, Myanmar, Nepal y Pakistán), con el objetivo de mejorar los servicios de anticoncepción proporcionados a las mujeres que buscan un aborto inducido o tratamiento postaborto. El apoyo incluyó capacitación del personal de salud; mejoramiento del registro de datos, de la logística relacionada con los insumos y de las unidades de salud; y seguimiento de cada prestador/a de servicios y unidad de salud post-capacitación para resolver problemas y mejorar el desempeño/rendimiento.

Después de la capacitación del personal de salud y la implementación de los servicios, el equipo de investigación analizó los datos del libro de registros, que incluía las edades de las mujeres, el tipo de servicio prestado y el método anticonceptivo proporcionado. Un aspecto significativo del estudio, dice Benson, es que abarcó una gran variedad de servicios prestados, entornos legales y culturales, y también incluyó a mujeres que buscaban aborto inducido y atención postaborto.

Entre los hallazgos clave figuran:

  • La aceptación de métodos anticonceptivos fue alta entre todos los grupos de edad, pero las adolescentes (de 15 a 19 años) eran menos propensas a elegir un método que las mujeres de 25 años o más;
  • Las adolescentes y jóvenes de 20 a 24 años también se mostraron significativamente menos propensas a elegir un método anticonceptivo reversible de acción prolongada, comparadas con las mujeres de 25 años o más;
  • Las usuarias cuyo/a prestador/a de servicios había recibido capacitación apoyada por Ipas en la prestación de consejería y servicios de anticoncepción eran significativamente más propensas a recibir anticoncepción, comparadas con las mujeres cuyo/a prestador/a de servicios no había recibido la capacitación.

Entre las recomendaciones para los sistemas de salud figuran:

  • Actualizar las políticas y los protocolos para eliminar barreras tales como los requisitos de que las mujeres y adolescentes tienen que estar casadas o tener el consentimiento de su madre/padre o cónyuge para poder obtener servicios de anticoncepción;
  • Garantizar que una gran variedad de métodos anticonceptivos estén disponibles en los lugares donde se ofrecen servicios de aborto;
  • Capacitar a prestadores de servicios, gerentes y demás personal de la unidad de salud para mejorar la consejería y provisión de métodos anticonceptivos en el momento de proporcionar el servicio de aborto;
  • Mejorar las unidades de salud para asegurar privacidad, especialmente para las adolescentes, y garantizar la confidencialidad de las interacciones con las usuarias y de sus expedientes;
  • Reducir o eliminar los gastos de las usuarias, especialmente de las adolescentes, para todos los métodos anticonceptivos;
  • Realizar entrevistas frecuentes con las usuarias y la comunidad para determinar las preferencias de las jóvenes y adolescentes, y para evaluar la calidad de los servicios que reciben.

Se han logrado avances significativos para lograr que la información y los métodos anticonceptivos estén disponibles para las mujeres que buscan servicios de aborto, como demuestra este importante estudio. Pero con demasiada frecuencia, dice Benson, las mujeres, especialmente las adolescentes y jóvenes, dejan las unidades de salud sin los medios para evitar un embarazo no intencional:  “Los dirigentes del sistema de salud, profesionales clínicos, financiadores internacionales y organizaciones comunitarias deben dar prioridad a las necesidades anticonceptivas de las mujeres, en particular las adolescentes, que buscan servicios de aborto. A ninguna mujer se le debe negar la oportunidad de tomar sus propias decisiones sobre la anticoncepción”.

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