¿De qué manera la violencia perpetrada por parejas íntimas influye en la salud reproductiva?

viernes, 10 de marzo de 2017

Las investigaciones han mostrado que desde hace un tiempo la violencia física o sexual perpetrada por el esposo o la pareja sexual de una mujer produce resultados perjudiciales para la salud reproductiva. No obstante, dos estudios recientes dirigidos por Ipas, realizados en Bangladesh, aclararon algunas interrogantes específicas: ¿Qué influencia tiene la violencia perpetrada por parejas íntimas en los resultados relacionados con la salud reproductiva de las mujeres que buscan servicios de aborto y en la toma de decisiones de las mujeres sobre la anticoncepción postaborto?

Ambos estudios se basan en datos recolectados de casi 500 mujeres que buscaron servicios de aborto en unidades de salud en Bangladesh, en el año 2013. Uno de los estudios, publicado en la revista International Journal of Gynecology & Obstetrics, encontró que un alto porcentaje de las mujeres, el 25.8%, había sufrido violencia perpetrada por una pareja íntima durante el año anterior. Esas mujeres eran más propensas a informar que:

  • Fue difícil obtener un método anticonceptivo
  • Fue inconveniente usar un método anticonceptivo
  • Su esposo/pareja y suegros querían la interrupción del embarazo más que ellas
  • No querían tener más hijos, pero creían que su esposo/pareja sí quería
  • Sus suegros se oponían al uso de métodos anticonceptivos
  • Su religión prohíbe el uso de anticonceptivos

El estudio también encontró que esas mujeres eran más propensas a:

  • Haber tenido un aborto inducido anteriormente
  • Acudir a la unidad de salud para el aborto solamente
  • Recibir atención postaborto después del intento de inducir un aborto ilegalmente
  • Tener un aborto con medicamentos

“Estos hallazgos indican que las usuarias de servicios de aborto enfrentan varias amenazas a su autonomía reproductiva —de su esposo, suegro y comunidad religiosa— y no solo de la violencia perpetrada por una pareja íntima”, dice Erin Pearson de la Facultad de Salud Pública T. H. Chan de la Universidad de Harvard. Pearson es la principal autora del estudio y era asesora senior de Ipas en investigación y evaluación cuando se llevó a cabo la investigación.

Los hallazgos, dice ella, también dan a conocer estrategias que utilizan las mujeres para recuperar su autonomía reproductiva por medio del aborto: “Buscar un aborto no acompañadas o usar el método de aborto con medicamentos, posiblemente para simular una pérdida del embarazo, son estrategias que utilizan las mujeres para acceder a los servicios de aborto de manera encubierta en la presencia de violencia perpetrada por una pareja íntima”.

El contexto de Bangladesh

Las mujeres que buscan servicios de aborto inducido en Bangladesh son una población clave para entender la violencia perpetrada por parejas íntimas y su influencia en la salud reproductiva. Se estima que del 50% al 60% de las mujeres de Bangladesh son afectadas por violencia perpetrada por parejas íntimas a lo largo de su vida, comparado con el promedio mundial de 30 por ciento.

A pesar de que el aborto inducido es ilegal en Bangladesh excepto para salvar la vida de la mujer, la regulación menstrual es un procedimiento de evacuación endouterina legal y disponible de manera extendida para establecer no gravidez hasta las 10 semanas desde la fecha de la última menstruación de la mujer. La atención postaborto también está ampliamente disponible en Bangladesh, al igual que los métodos anticonceptivos.

“En este contexto”, dice Pearson, “es asombrante que las mujeres que han sufrido violencia perpetrada por una pareja íntima son más propensas a necesitar atención postaborto después de un aborto ilegal y posiblemente inseguro, en vez de acceder a servicios legales y ampliamente disponibles de regulación menstrual. Eso indica que podrían estar siendo presionadas a tener hijos y que están buscando maneras encubiertas de interrumpir su embarazo”.

La violencia también está vinculada con la toma de decisiones de las mujeres sobre la anticoncepción postaborto

Un segundo estudio, también dirigido por Pearson, se basó en los mismos datos y se enfocó en 398 mujeres que habían elegido píldoras, condones, inyectables o ningún método anticonceptivo inmediatamente después del procedimiento de aborto. El estudio examinó su uso de anticonceptivos a los cuatro meses posteriores al aborto y analizó los factores contextuales relacionados, tales como la historia anticonceptiva, intenciones relacionadas con la fertilidad y si la mujer había sufrido violencia perpetrada por una pareja íntima el año anterior.

Este estudio, publicado en la revista Contraception, también encontró una relación sustancial con la violencia perpetrada por parejas íntimas. En todo el grupo de mujeres, el uso de un método anticonceptivo a los cuatro meses postaborto fue alto (85.4%). Sin embargo, las mujeres que relataron sufrir violencia por una pareja íntima eran mucho más propensas (36.8% vs 19.5%) a haber aplazado el uso de un método anticonceptivo postaborto, en particular si su esposo la había acompañado durante el procedimiento de aborto.

Tamizaje de violencia y otras recomendaciones

En lo que respecta a los hallazgos de ambos estudios, dice Pearson, “la violencia es un factor en común.” Por lo tanto, cada estudio ofrece recomendaciones para abordar el impacto negativo que tiene la violencia perpetrada por parejas íntimas en los resultados relacionados con la salud reproductiva de las mujeres.

El estudio sobre anticoncepción postaborto recomienda que a las mujeres se les ofrezca consejería integral y confidencial que incluya:

  • Tamizaje de violencia
  • Apoyo para iniciar un método anticonceptivo
  • la oferta de métodos anticonceptivos “controlados por la mujer”, tales como inyectables o el DIU

El estudio sobre violencia perpetrada por parejas íntimas señala que las mujeres que habían sufrido violencia podrían enfrentar restricciones a su autonomía reproductiva, no solo por parte de su esposo o pareja, sino también por parte de sus suegros o de su comunidad religiosa.

Teniendo en cuenta lo susodicho, los autores afirman que es necesario realizar intervenciones no solo en la unidad de salud en el momento de efectuar el aborto, sino también en el hogar y la comunidad de la mujer, con el fin de mejorar su autonomía reproductiva. Estas medidas, agregan los autores, a la larga podrían mejorar la igualdad de género no solo en Bangladesh sino también en otros lugares donde las mujeres enfrentan restricciones a su libertad para tomar decisiones relacionadas con su salud reproductiva.