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En una esquina de Yobe, un estado septentrional de Nigeria, las mujeres que necesitan recibir atención postaborto tenían que esperar muchas horas para ser trasladadas a un pueblo vecino, donde trabajaba un medico calificado. A pesar de su estado precario, el próximo transporte de la zona de Machina, un vehículo destartalado de tracción a cuatro ruedas, no llegaría hasta el día siguiente, posiblemente demasiado tarde para evitar una muerte o una lesión permanente. Ipas Nigeria intervino, trabajando con el Ministerio de Salud del estado de Yobe y con el organismo nacional de servicios a los jóvenes, con el fin de capacitar al único médico de Machina para que proporcionara servicios de atención postaborto y otros servicios de salud reproductiva a las mujeres que los necesitaran. |
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No obstante, el aborto y otras formas de atención en salud reproductiva, como el suministro de métodos anticonceptivos, continúan siendo difíciles de alcanzar para la gran mayoría de las mujeres nigerianas. Aunque menos del 10 por ciento de las mujeres casadas usan anticonceptivos modernos, un número alarmante de mujeres acuden a prestadores de servicios de aborto no calificados y mueren en su hogar o en los hospitales del país, que carecen de recursos.
Aunque resulta difícil determinar las muertes relacionadas con el aborto inseguro y llevar cuenta de éstas, la Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Nigeria (SOGON) calcula que unas 20,000 adolescentes y mujeres mueren cada año debido a tales causas. Con poca o ninguna educación sexual, las niñas corren mayor riesgo de morir a consecuencia del aborto inseguro. Anualmente ingresan 140,000 mujeres en los hospitales por complicaciones de aborto, y más de la mitad de esas pacientes son adolescentes.
Como muchos otros países en desarrollo, Nigeria se caracteriza por tener altas tasas de fertilidad, grandes necesidades insatisfechas de recibir servicios de planificación familiar, disparidades entre las zonas urbanas y las rurales, y una infraestructura deficiente en el campo de la atención a la salud.
Además de estos problemas, la legislación restrictiva ha contribuido a la tasa de mortalidad materna de Nigeria, una de las más altas del mundo: mueren 800 mujeres por cada 100,000 nacidos vivos. Nigeria es una encrucijada caracterizada por sus diversos grupos étnicos, idiomas, religiones e incluso sus leyes de aborto. A pesar de que el aborto es permitido sólo para salvar la vida de la mujer, el país está dividido entre la zona norte predominantemente musulmana, la cual es gobernada por un Código Penal, y la zona sur predominantemente cristiana, la cual es regida por un Código Penal diferente. En algunos casos, se le ha dado una interpretación más amplia al Código Penal del sur para permitir el aborto con el fin de conservar la salud mental de la mujer.
Ipas Nigeria trabaja para aumentar:
Como parte de la estrategia multifacético de Ipas Nigeria, se ha logrado que en los hospitales docentes se incluya la APA en la formación de los pasantes médicos y que se capacite a los trabajadores comunitarios de la salud para que identifiquen y remitan a las pacientes de APA a los establecimientos con capacidad para atenderlas. Al establecer centros de capacitación modelo en toda la nación, Ipas Nigeria garantiza que los sistemas de salud cuenten con personal equipado para manejar el sufrimiento de las pacientes debido a las complicaciones del aborto inseguro.
En este país donde el número de médicos disponibles es truncado por una población de más de 130 millones, Ipas Nigeria ha sido instrumental en extender la atención postaborto a las escuelas de enfermería-partería. Hoy día, en todos los establecimientos de salud se incorpora en los currículos este componente vital de la atención en salud reproductiva, un cambio notable del pasado cuando las enfermeras-obstetrices no recibían ninguna capacitación de pregrado en APA.
Además de ampliar la disponibilidad de la atención postaborto, Ipas Nigeria procura fomentar un ambiente de colaboración en el que las ONG y los colaboradores gubernamentales traten al aborto como un grave problema de salud pública. Mediante sus esfuerzos, las organizaciones religiosas o cívicas, incluido el Consejo Nacional de Sociedades de Mujeres, también se han involucrado en la campaña contra la causa principal de muerte de las mujeres y niñas de este país.