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22 febrero 2007
Una ley de aborto más liberal en Portugal podría significar opciones de salud reproductiva más seguras para las mujeres.
Foto cortesía de Richard Lord.
Es posible que en Portugal se reforme la ley de aborto, si los políticos de la nación dan el visto bueno a un reciente referendo en el que una mayoría de votantes emitieron su voto a favor de permitir el aborto a petición hasta concluida la décima semana del embarazo.

Actualmente, en Portugal existe una de las leyes de aborto más restrictivas de Europa, la cual permite la interrupción del embarazo sólo cuando la vida o salud de la madre corren peligro, en casos de malformación fetal, o cuando el embarazo es producto de violación.

No obstante, el 11 de febrero, se celebró el segundo referendo en nueve años para decidir si ampliar las causales bajo las cuales se permite el aborto.

Aproximadamente el 59 por ciento de los votantes participantes respondieron con un “sí” a la pregunta del referendo: “¿Está usted de acuerdo con la despenalización del aborto si éste es efectuado en las primeras 10 semanas del embarazo, a petición de la mujer, en un establecimiento médico legal?” El 40 por ciento respondió que no.

Sin embargo, el porcentaje de votantes que dieron el “sí” aún no asegura una revisión de la ley. En Portugal, para que los resultados de un referendo sean vinculantes, el 50 por ciento de los votantes inscritos deben participar. El número de votantes que asistieron a la votación del 11 de febrero no alcanzó el mínimo, ya que menos del 45 por ciento de los votantes inscritos acudieron a las urnas.

No obstante, los defensores del aborto seguro no pierden las esperanzas de que los legisladores cumplan con los resultados del referendo y presenten una moción parlamentaria para reformar la ley.

Ellos sostienen que la ampliación de la ley de aborto salvará vidas, dado que aproximadamente 15,000 mujeres y niñas portuguesas se someten a procedimientos de aborto inseguro cada año y algunas mueren por ello. Innumerables más viajan a España o a otras naciones donde las leyes de aborto son mucho menos estrictas, para obtener servicios de aborto, en un fenómeno que algunos grupos, como Women on Waves, llaman el “turismo del aborto”.

Sara Ferreira, estudiante de medicina con sede en Lisboa y portavoz de Médicos Pela Escolha (Médicos por el Derecho a Decidir), dijo que el apoyo del gobierno es un factor fundamental en la decisión de Portugal de liberalizar su ley de aborto. Ipas contribuyó a los esfuerzos de Médicos Pela Escolha de extensión a la comunidad, tanto antes como después del referendo.

La diferencia entre este voto y el referendo de 1998, en el cual los oponentes a duras penas lograron la victoria para mantener la ley restrictiva, es que ahora más políticos están defendiendo la liberalización. Por ejemplo, el primer ministro socialista José Sócrates dijo que el resultado del referendo constituye un “avance para Portugal, que dio un paso hacia unirse a las sociedades europeas más modernas, desarrolladas y abiertas”. Se espera que su partido inicie conversaciones parlamentarias para transformar en ley los resultados no vinculantes del referendo. Según diversos noticiarios, Sócrates también se ha referido al aborto ilegal como “una cicatriz de nuestra sociedad”.

Ferreira dijo: “El partido político actualmente en poder en el gobierno está a favor de la despenalización y está luchando por ésta. … Ésta  fue una movida importante porque [en 1998], el Partido Socialista tenía el poder en el gobierno, pero no hizo nada para respaldar la campaña”.

Ferreira también dijo que la comunidad de atención en salud logró refutar la retórica contra el derecho a decidir proveniente de otros partidos políticos, facciones de la Iglesia católica romana y sus organizaciones aliadas, algunas de las cuales exigían más restricciones sobre la ley de aborto. Reforzada por el apoyo de grupos de ciudadanos, Voto Sim (“Vote Sí”) –una alianza de políticos, coaliciones de jóvenes y prestadores de servicios de salud preocupados al respecto– ayudó a inclinar los votos hacia la despenalización.

Continuó: “En este país profundamente católico… cada domingo era un día para hacer campaña en las iglesias. Los curas dijeron que el aborto es un crimen contra la vida y que toda persona que se considere un/a buen/a cristiano/a debe votar ‘no’.” Por ejemplo, el influyente patriarca de Lisboa instó a los católicos a votar en contra de la medida”.

Pero en el período previo al voto, Ferreira estima que los prestadores de servicios de salud “han entablado un nuevo diálogo. La evidencia científica y nuestra experiencia con las complicaciones del aborto ilegal nos dieron cierta credibilidad para defender el derecho a decidir. (…) Visitamos colegios, debates, sesiones de información y conferencias de prensa para hablar sobre asuntos importantes: por ejemplo, qué sucedería con nuestro sistema de salud nacional si ganara el ‘sí’, así como la interrogante de si apoyará los cambios o si es capaz de hacerlo”.

La decisión de que Portugal cambie o no su ley de aborto queda ahora en manos de su Parlamento y sus habitantes, cuya voluntad contribuyó a que prevalecieran los votos a favor.

La opinión pública ha estado cambiando desde el voto de 1998, en el cual los que votaron en contra ganaron por menos de 2 puntos porcentuales. La diferencia: en el plazo entre los votos de 1998 y 2007, los ciudadanos presenciaron el hecho de que las mujeres tuvieran que soportar juicios públicos por ser acusadas de haberse inducido abortos ilegales. En Portugal, las mujeres pueden ser condenadas hasta tres años en prisión por procurar un aborto inseguro.

Ferreira dijo: “Después de nueve años, la gente quiere un cambio. Saben que se practican abortos ilegales. Es una realidad de la cual no podemos hacer caso omiso”.

Para Ferreira y sus colegas, el aborto ilegal es una realidad que afrontan con demasiada frecuencia en las salas de urgencias. Mientras hacía su rotación en ginecología y obstetricia, Ferreira conoció a una paciente de 17 años de edad, quien había intentado interrumpir su embarazo y presentaba una infección grave.

“Ella empezó a sangrar hace unos días, pero no quería que nadie se enterara. Estaba sola. Sin un novio, sin sus padres. Llamamos a su madre, quien no sabía que ella estaba embarazada.”

“Lo que más me afectó fue ver que si la ley fuera diferente, esta muchacha no hubiera estado en [la sala de] urgencias, con su vida en peligro. Sobre todo, ella no hubiera estado tan asustada y confundida. Hubiera tenido alguien con quien hablar antes de recurrir a un aborto inseguro.”

“El votar ‘sí’ significa que toda mujer que desea interrumpir un embarazo no deseado podrá hacerlo en una unidad de salud reconocida por el estado como segura. (...) También significa que las mujeres pueden ser apoyadas durante ese período al recibir consejería sin prejuicios de profesionales de la salud, así como todo el apoyo que necesiten para tomar una decisión libre e informada.”


Para mayor información, diríjase a:
Kirsten Sherk
Gerente, Unidad de Comunicaciones

e-mail: sherkk@ipas.org
teléfono: 919.960.5612
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