|
| Las mujeres en África subsahariana continúan siendo muy afectadas por el SIDA; sin embargo, sus voces y las de otras mujeres que viven con SIDA no reciben la debida importancia en las conversaciones sobre cómo detener la propagación de esta enfermedad. |
| Foto cortesía de Mikkel Oestergaard, Panos Pictures. |
Hace veinticinco años, los médicos e investigadores cavilaban sobre una enfermedad misteriosa que afectaba a los hombres homosexuales en Estados Unidos y Europa. La enfermedad sin nombre fue denominada SIDA y ahora, décadas después de ser identificada por primera vez, ha devastado partes de África y cada vez más lleva un rostro femenino mundialmente.
Hoy día, una semana después del 16º Congreso Internacional del SIDA celebrado en Toronto, se conoce mucho más de la enfermedad, su prevención y sus efectos sociales. Pero lo que no se sabe es cómo garantizar que las personas más afectadas por la pandemia —mujeres y niñas en los países en desarrollo— tengan voz para decidir cómo abordar esta crisis de salud mundial.
Según el organismo mundial ONUSIDA, casi la mitad de las personas que actualmente viven con SIDA son mujeres. En África subsahariana, el 57 por ciento de las personas con VIH de 15 años de edad y mayor son mujeres, y las jóvenes entre los 15 y 24 años de edad en esa región son tres veces más propensas a ser infectadas que los hombres de edades comparables.
Años antes de que se hiciera tan patente la disparidad de esta infección, las mujeres VIH-positivas dieron la alarma. Ya desde el congreso del SIDA celebrado en Ámsterdam en 1992, ellas habían hablado sobre la discriminación de género que aumenta las probabilidades de que las mujeres se expongan al virus, que afecta el trato que reciben en las clínicas y en la sociedad, y que las designa automáticamente como personas encargadas de cuidar a los pacientes o huérfanos del SIDA.
Las mujeres VIH-positivas que se dejaron oír en Ámsterdam ayudaron a formar la Comunidad Internacional de Mujeres que Viven con VIH/SIDA (ICW) y continúan reiterando al mundo que no se puede divorciar al SIDA de la condición jurídica y social de las mujeres. En las sociedades donde las mujeres no tienen mucha autonomía, a menudo las mujeres no pueden negociar el uso del condón con su esposo o su pareja; aun menos capaces de protegerse contra la infección son las mujeres y niñas víctimas de violencia intrafamiliar y violencia sexual.
En diversos países, los prestadores de servicios de salud aún discriminan contra las mujeres VIH-positivas. En algunos países, las mujeres VIH-positivas que tienen embarazos no deseados no tienen acceso a los servicios de aborto seguro y legal; en otros, a las mujeres se les practica un aborto legal sólo si ellas “acceden” a ser esterilizadas. Aquéllas que deciden quedar embarazadas después de enterarse de su estado seropositivo son estigmatizadas. Independientemente de la forma en que hayan quedado embarazadas, algunas mujeres VIH-positivas aún son rechazadas por los hospitales cuando están a punto de dar a luz.
Mediante los esfuerzos de asociaciones como la ICW y las instituciones que reconocen que los programas de VIH/SIDA deben vincularse a servicios más amplios de atención a la salud de las mujeres, se han logrado algunos avances. En los países donde la terapia de fármacos anteriormente estaba disponible sólo para los pacientes de SIDA más adinerados, el tratamiento antirretroviral (TAR) ahora está ampliamente disponible para las mujeres embarazadas lo cual disminuye marcadamente las probabilidades de transmitir el VIH a sus recién nacidos.
No obstante, aún falta demasiado por hacer. A pesar de la considerable reducción del número de niños que nacen VIH-positivos, pocas madres reciben los fármacos que necesitan para asegurar su propia supervivencia. Las mujeres VIH-positivas también se enfrentan con mayores riesgos de contraer cáncer cervical, pero pocas están enteradas de las pruebas para la detección sistemática del cáncer o no tienen acceso a servicios donde se les practique una prueba de Papanicolaou. Y para aquellas mujeres que desean evitar el embarazo, existe poca información sobre el efecto que pueda tener el tratamiento de fármacos en los anticonceptivos.
Las mujeres VIH-positivas aún son marginadas en el diálogo mundial sobre el SIDA. En el congreso de Toronto, Ipas ofreció un taller con capacitadores de ICW para ayudar a las mujeres VIH-positivas a entender sus derechos.
Ipas también presentó sus hallazgos sobre cómo las mujeres VIH-positivas se enfrentan con discriminación en los servicios de salud de 11 países, desde Argentina hasta Swazilandia. Nuestras investigaciones encontraron que a las mujeres que viven con VIH/SIDA con frecuencia se les pide en las reuniones que cuenten sus historias. Sin embargo, sus ideas y opiniones continúan siendo marginadas o simplemente no son tomadas en cuenta en la formulación de políticas que impulsan las respuestas internacionales al SIDA.
Si los formuladores de políticas, activistas y científicos que se reunieron
en Toronto esperan lograr cambios en torno al SIDA, las mujeres deben participar
en hallar las soluciones; su vida depende de ello.
Para mayor información, diríjase a:
Kirsten Sherk
Gerente, Unidad de Comunicaciones
e-mail: sherkk@ipas.org
teléfono: 919.960.5612
fax: 919.929.0258
