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| Bajo una estricta ley de aborto, las mujeres polacas no tienen más alternativa que acudir a un sistema de salud frecuentemente hostil o buscar servicios de aborto en condiciones de riesgo. |
A finales de la década de los 1980, mientras Polonia luchaba por su independencia del bloque soviético, el mundo estaba paralizado. Hoy, décadas después que Polonia logró liberarse del dominio extranjero, existe otra lucha, principalmente silenciosa: la de las mujeres polacas que defienden los derechos de aborto en una nación que revocó su derecho de escoger.
A efectos prácticos, en Polonia no existe ningún acceso legal al aborto. Y sin el aborto, esta nación de Europa oriental es el “Contemporary Women’s Hell”, el título de una colección de historias de mujeres sobre la vida bajo una ley rígida que gobierna su cuerpo y pone en peligro su salud. Las 10 historias fueron recopiladas por la Federación polaca para las mujeres y la planificación familiar, con sede en Varsovia, y su traducción al inglés contó con el apoyo financiero y editorial de Ipas.
En 1993, tras años de un sistema que esencialmente proporcionaba servicios de aborto a petición, el Parlamento polaco aprobó una nueva ley antiaborto. En la actualidad, se registran sólo 150 abortos legales anualmente en Polonia. No obstante, en vista de los cálculos de aborto inseguro en el país (el Centro de Derechos Reproductivos estima que cada año ocurren entre 40,000 y 50,000 abortos inseguros), indudablemente existe una necesidad considerable de contar con servicios de aborto seguro, legal y accesible.
Actualmente, el aborto es permitido en casos de violación; cuando la vida o la salud de la mujer corren peligro; o en casos de graves deformidades fetales.
Al menos, esa es la teoría. En el prefacio, la directora ejecutiva de la federación, Wanda Nowicka, escribe: “Al buscar ejercer su derecho jurídico, incluso las mujeres que reúnen los criterios jurídicos para tener un aborto por lo general encuentran obstáculos que son imposibles de superar. Esto se debe principalmente al hecho de que los médicos no quieren asumir la responsabilidad de consentir a un aborto legal. Las mujeres son enviadas de un médico a otro, remitidas a otros servicios para que se les practiquen pruebas que no son exigidas por la ley, y suministradas información errónea sobre su salud, así como sobre la disponibilidad de la interrupción legal del embarazo”.
Las mujeres se ven obligadas a arriesgarse con un aborto inseguro; buscar servicios en el extranjero, una opción costosa; o lidiar con un sistema de salud donde tienen muy poco a su favor.
Veamos la historia de Ana, una mujer de 28 años de edad y madre de tres hijos. Ana presenta un grave trastorno vascular que hace que sus piernas se hinchen dolorosamente. El problema se agravó con cada embarazo e interfirió con su capacidad de usar un método anticonceptivo. Su médico determinó que ella corría el riesgo de presentar coágulos sanguíneos que pondrían su vida en peligro. Sin embargo, cuando solicitó un aborto legal en un hospital de distrito, ella contó: “Al médico le pareció graciosa mi solicitud y dijo que, sin duda, yo estaba bromeando”.
Ana continuó: “No supe qué hacer. ¿Matarme? No podía hacerlo por mis hijos. Yo crecí en un orfelinato. Después de regresar a mi hogar, estaba tan determinada que me inyecté detergente para lavar ventanas en el abdomen. Me desmayé y vomité. Por temor a ser castigada, no llamé a la ambulancia. Infelizmente, no tuve una pérdida del embarazo. Quizás el detergente era muy barato. Lamento no haber podido comprar Domestos [otro detergente]. Uno de sus ingredientes es cloro, el cual es más corrosivo.”
Ana tuvo a su hijo y se vio forzada a dar al niño en adopción.
Muchas de las mujeres que cuentan sus historias no tienen a donde recurrir. Veamos el caso de Bárbara, quien ya tení a un hijo con una discapacidad grave cuando ella quedó embarazada con una hija con la misma enfermedad. Aun cuando estaba armada con una copia de la ley que permite la interrupción del embarazo, Bárbara fue rechazada por un médico quien fingió estar sorprendido de que existe dicha legislación.
No obstante, algunas de estas mujeres polacas están retando el hecho de que
se les priva su derecho al voto. Entre las mujeres que cuentan sus historias
figura Alicja Tysiac, a quien se le negó el aborto a pesar de que, debido a una
afeccón del ojo, un embarazo podría causarle ceguera. Tras sufrir más daños
irreversibles a su vista, en el año 2005, ella presentó una denuncia ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. A
principios del mes de febrero, el tribunal escuchó los argumentos relacionados
con este caso.
Para mayor información, diríjase a:
Kirsten Sherk
Gerente, Unidad de Comunicaciones
e-mail: sherkk@ipas.org
teléfono: 919.960.5612
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