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19 enero 2006
Las últimas investigaciones realizadas en cuatro países latino- americanos encontraron que el aborto con medicamentos es aceptado por una gran variedad de mujeres, con algunas diferencias según la edad, el lugar de residencia y las creencias sobre el aborto.

A pesar de que en la mayoría de los países latinoamericanos el acceso al aborto seguro es sumamente restringido, cada vez existen más mujeres en la región que recurren al fármaco misoprostol para interrumpir el embarazo no deseado. Sin embargo, muchas de esas mujeres posiblemente estén usando el medicamento sin supervisión médica o sin las debidas instrucciones.

Dos nuevos estudios publicados en el número de noviembre de 2005 de la revista de Londres titulada Reproductive Health Matters, exploran aspectos fundamentales en torno al uso del misoprostol: cómo hacer llegar las instrucciones a las mujeres a fin de que se tomen el medicamento de manera segura, y cómo las mujeres que han tenido este tipo de aborto con medicamentos describen sus experiencias.

La Dra. Janie Benson, Vicepresidenta de Investigación y Evaluación de Ipas, dijo: “Estas investigaciones destacan las experiencias de las mujeres al enfrentarse al embarazo no planeado en América Latina. Los resultados subrayan la necesidad de las mujeres de recibir información exacta sobre el misoprostol y la importante función del aborto con medicamentos en ampliar y mejorar el acceso de las mujeres a los servicios de aborto seguro.”

Originalmente aprobado por la Administración de Alimentos y Fármacos de EE.UU. y otros organismos reguladores para la prevención y el tratamiento de las úlceras gástricas, el misoprostol también causa contracciones uterinas y maduración cervical.

Debido a esos efectos, el misoprostol, ya sea solo o en combinación con la mifepristona, es una forma eficaz de inducir el aborto en condiciones seguras. El régimen combinado de mifepristona y misoprostol figura en la lista de la Organización Mundial de la Salud de fármacos esenciales para la atención segura del aborto, y es utilizado ampliamente en Estados Unidos y Europa.

No obstante, en Latinoamérica, el uso del misoprostol sin aprobación en el aborto con medicamentos, así como los climas sociales que suprimen el diálogo abierto sobre el aborto, dificultan que las mujeres aprendan cómo tomarse el medicamento de manera segura, cómo funciona y cómo reconocer cuándo el aborto es completo o cuándo es necesario buscar cuidados de emergencia.

En “Reaching Women with Instructions on Misoprostol Use in a Latin American Country” (Cómo hacer llegar a las mujeres las instrucciones sobre el uso del misoprostol en un país latinoamericano), seis investigadores (contando a la Dra. Deborah Billings, Subdirectora Senior de Investigación en Ipas) les preguntaron a las mujeres urbanas y rurales, algunas de las cuales habían tenido abortos seguros; médicos y obstetrices (o parteras profesionales); farmacéuticos y activistas en salud reproductiva, en un país no identificado, cómo las mujeres deberían obtener información sobre el aborto con medicamentos.

A lo largo del espectro, los participantes del estudio convinieron en que, debido a su formación médica, los médicos idealmente son la fuente más apropiada de información sobre el misoprostol. En el caso de las mujeres en zonas rurales, se pensó en las obstetrices como una buena fuente de información, pero sólo si éstas reciben más capacitación.

Sin embargo, los participantes del estudio reconocieron las condiciones que impiden el acceso de las mujeres a la información sobre el aborto y a los médicos en general. A la vez que reconocieron las importantes funciones de los médicos en proporcionar a las mujeres información sobre el misoprostol, muchos añadieron que los médicos en contra del derecho de decidir respecto a la interrupción del embarazo posiblemente no revelen dichos conocimientos, o que otros que no admiten proporcionar servicios de aborto probablemente no sean fuentes confiables.

El limitar la información a los médicos solamente restringiría en gran medida el acceso de las mujeres a los datos exactos sobre el uso del misoprostol. A la misma vez, los encuestados expresaron algunas inquietudes de que la fuente de información debería tener cierto nivel de formación médica básica. 

Los riesgos profesionales asociados con el suministro de información sobre el uso del misoprostol para el aborto seguro influyeron en las creencias respecto a las formas en que debiera transmitirse la información. En general, las instrucciones verbales, complementadas por instrucciones escritas en la forma de un folleto sencillo, fueron consideradas apropiadas para la mayoría de las mujeres. Las instrucciones verbales por sí solas fueron consideradas insuficientes dado que la información podría ser olvidada o malentendida, mientras que las instrucciones por escrito podrían perjudicar la seguridad de los prestadores de servicios de salud si se incluyeran los datos para contactarlos.

En el segundo estudio, “Women’s Perspectives on Medical Abortion in Mexico, Colombia, Ecuador and Peru: A Qualitative Study,” los autores presentaron los resultados de entrevistas con 49 mujeres que habían tenido abortos con medicamentos bajo la atención de un profesional de la salud.

Pocas de las mujeres, con la excepción de las mexicanas urbanas, habían usado un método anticonceptivo de manera sistemática. Sin embargo, 15 mujeres informaron tener algún conocimiento del aborto con medicamentos antes de consultar con un prestador de servicios de salud.

Las mujeres mencionaron una variedad de motivos para buscar un aborto: el deseo de no interrumpir su vida, la falta de recursos financieros para criar a un niño o el embarazo producto de la violencia sexual.

Muchas prefirieron el aborto con medicamentos a los métodos quirúrgicos porque pensaron que el primero era menos doloroso, menos riesgoso y más sencillo. El hecho de que era menos costoso que un aborto quirúrgico también influyó en las decisiones de algunas mujeres. La mayoría de las mujeres (el 88 por ciento) dijeron que se lo recomendarían a una amiga.

A pesar de que las actitudes de las mujeres hacia el proceso generalmente fueron favorables, su zona de origen o residencia, así como sus experiencias y creencias previas sobre el aborto también desempeñaron un papel en las percepciones de cuán preparadas se sentían para el aborto y cuán doloroso fue.

La mayoría de las mujeres provenientes de Colombia y de las zonas urbanas de México informaron que se sentían suficientemente preparadas para el aborto. En comparación con las mujeres que habían dado a luz, las mujeres de Ecuador y Perú —quienes eran más jóvenes, más pobres y menos propensas a tener hijos y parejas que las apoyaran— informaron que el aborto con medicamentos causaba más molestias físicas. También se inclinaban más a sentirse culpables por haber tenido un aborto o a preocuparse por ser juzgadas por los demás.

Los investigadores concluyeron que el aborto con medicamentos es aceptado por un amplio grupo de mujeres, incluso en los lugares restringidos. Hicieron un llamado a que se preste más atención al manejo del dolor para todas las mujeres, especialmente para aquéllas que nunca han dado a luz.

Algunas mujeres necesitan más apoyo en el proceso de entender su experiencia de aborto, sobre todo aquéllas que creen que el aborto es un pecado, cuyo embarazo es el producto de una violación, cuyas parejas no las apoyan, y que tienen muy pocos conocimientos sobre su cuerpo.

Deborah Billings, co-autora de los estudios, dijo: “Las mujeres en toda América Latina interrumpen los embarazos no deseados, pese a las leyes restrictivas. El aborto con medicamentos es una opción importante que permite que las mujeres hagan esto de manera segura y eficaz. Aún falta mucho por hacer para lograr que las mujeres cuenten con la información que necesitan para poner en práctica esta opción”.


Para mayor información, diríjase a:
Kirsten Sherk
Gerente, Unidad de Comunicaciones

e-mail: sherkk@ipas.org
teléfono: 919.960.5612
fax: 919.929.0258