|
| Una madre boliviana participa en una manifestación para crear mayor conciencia sobre la violencia sexual. |
Aún es posible ver el dolor en el rostro de la mujer cuando ella recuerda la agresión sexual que sufrió, pero cuando termina de contar su historia, una tímida mirada llena de valentía surge en los rabillos de sus ojos. “Ser víctima es difícil porque la sociedad nos juzga sin pensar en los daños físicos y psicológicos resultantes de estos incidentes”, dice Julia (nombre ficticio), una mujer boliviana de 25 años de edad. “Las instituciones deben responder mejor a estos casos y no estudiar el caso una y otra vez hasta que la víctima se canse y se vaya”.
Julia es una de muchas mujeres que, tras sobrevivir una agresión sexual, se enfrentó con un futuro de rechazo social y una condición de víctima. Al enterarse de que alguien estaba organizando un taller local sobre los derechos de las víctimas de violencia sexual, no dudó en asistir. Allí, Julia oyó que su caso era, infelizmente, muy común, no sólo en su ciudad, sino en toda Bolivia.
Después de asistir a más talleres y charlas con ciudadanos locales preocupados por la violencia sexual, Julia llegó a ser líder local . Hoy en día, ella habla en contra de la violencia sexual, motiva a las víctimas a romper su silencio y confronta a las figuras autoritarias que no estiman importante proporcionar atención médica y protección a las sobrevivientes. “Al principio, temía denunciar [los], pero como líder de proyectos, he tenido la fortaleza para hacerlo”, dice Julia.
Julia participa en un proyecto llamado “Enfoque integral hacia la violencia sexual para permitir que las víctimas y sobrevivientes de violencia exijan y ejerzan sus derechos”, creado por Ipas Bolivia y Marie Stopes International Bolivia, con el apoyo del Departamento del Reino Unido para el Desarrollo Internacional. Este proyecto reunió a policías locales, expertos médicos forenses, médicos, fiscales y otros profesionales interesados. Estos profesionales formaron redes locales en seis municipios de Bolivia. En cada municipio, los integrantes del grupo coordinan esfuerzos de prevención, detectan y denuncian crímenes, proporcionan atención a las víctimsa y ayudan a enjuiciar a los hombres que cometen actos de violencia sexual.
“Este proyecto comenzó como un sueño de justicia para miles de mujeres bolivianas que confrontan violencia todos los días”, explica la Subdirectora de Ipas-Bolivia, Malena Morales, quien coordina el proyecto. “La violencia sexual es el único crimen en el cual la víctima debe probar su inocencia. Queremos poner fin a eso. Hemos puesto nuestras propias esperanzas y las de miles de mujeres en este proyecto”, dice Morales.
Juntas, las seis redes municipales tienen más de 500 miembros. Estos reciben capacitación en violencia sexual en Bolivia y aprenden a hacer referencias para la anticoncepción de emergencia y pruebas de infecciones transmitidas sexualmente. Además, la red ayuda a capturar y enjuiciar a los perpetradores de la violencia sexual. Recientemente, el comité donó 600 cajas para la recolección de evidencia, que pueden ser utilizadas por los médicos para ayudar a las mujeres a identificar a su agresor.
A pesar de los recientes avances, en muchas regiones de Bolivia se hace caso omiso o se es incrédulo de los testimonios de las víctimas de violencia sexual. Muchas de las autoridades locales piensan que las mujeres simplemente buscan y mercen ser víctimas. Algunas evidencias indican que más de una tercera parte de las mujeres bolivianas han sido forzadas a tener relaciones sexuales con una pareja y muchas más han sufrido maltrato físico o mental.
Elizabeth Ferrufino, educadora y miembro de la red en Quillacollo, dijo en una entrevista que acababa de hacer seguimiento al caso de una niña de 10 años de edad, quien había sido salvajemente agredida por un familiar. Junto a otros miembros de la red de su municipio, Ferrufino primero se encargó de que se prestara atención médica a la niña para después pasar a tomarle declaración a cargo de una funcionaria de la Defensoría. Con la ayuda de la red, la fiscalía ordenó la detención del supuesto agresor, y la fuerza especial de lucha contra el crimen lo arrestó.
“Cuando veo estas situaciones, siento mucha rabia y dolor, pero al poco tiempo me recupero y trato de hacer todo lo posible para darle la mejor atención que exista. El proyecto realmente ha permitido dar una respuesta eficaz a este problema, aunque aún falta mucho para que todos los casos sean solucionados”, explicó Ferrufino. “Es un esfuerzo atroz, pero que merece la pena cuando una víctima te mira y, sin decirte nada, te da las gracias”.
Para mayor información, diríjase a:
Kirsten Sherk
Gerente, Unidad de Comunicaciones
e-mail: sherkk@ipas.org
teléfono: 919.960.5612
fax: 919.929.0258
