Acerca de Ipas
Sala de redacción
Que hacemos
Donde trabajamos
Productos
Publicaciones
Contacto

29 junio 2009
Giacomo Pirozzi, Panos Pictures (2006)
Share/Save/Bookmark

En el lejano oriente de Sudáfrica, al borde del Parque Nacional Kruger y cerca de las fronteras con Mozambique y Suazilandia, Ipas ha estado apoyando a una organización que promueve la salud y los derechos sexuales y reproductivos en una zona rural tradicionalmente conservadora. El Centro de Crisis de Mujeres Masisukumeni (Masisukumeni Women’s Crisis Center) es una organización poco común, que atiende a mujeres y niños en 38 poblados, muy lejos de la ciudad más cercana. Pero su misión holística en una zona con pocos recursos motivó a Ipas Sudáfrica a apoyar su trabajo a partir del año 2006.

Masisukumeni, que significa “póngamonos de pie” en el idioma local siSwati, atiende entre 30 y 40 mujeres y niñas al mes. Las clientas varían desde sobrevivientes de violencia intrafamiliar y violación hasta niñas que sufren abuso sexual, dice la directora Rachel Nkosi. La organización proporciona consejería después de la violación y se asegura de que las víctimas entiendan sus opciones médicas y legales, incluido el derecho a la atención segura del aborto. 

“Es importante informar a las mujeres y niñas en esta zona sobre la disponibilidad de estos servicios, así como sobre las circunstancias y condiciones bajo las cuales se puede realizar una interrupción segura y legal del embarazo”, según Nkosi, una mujer de 60 años de edad que ha dedicado toda su vida al trabajo comunitario.

Ipas Sudáfrica brinda financiamiento a esta organización, que lleva 15 años en existencia, para apoyar a 10 mujeres voluntarias. Estas voluntarias han sido capacitadas por Ipas Sudáfrica para proporcionar información sobre la salud y los derechos sexuales y reproductivos a los residentes locales atendidos en Masisukumeni. Además, Ipas Sudáfrica proporciona capacitación continua a las voluntarias con regularidad.

Desde que Ipas inició su alianza con Masisukumeni, las mujeres y niñas de esta zona han adquirido más conocimiento de la disponibilidad de servicios de atención segura del aborto en los establecimientos de salud estatales, afirma Buyile Buthelezi, coordinadora del programa de Ipas Sudáfrica. Las voluntarias auspiciadas por Ipas también ayudan a las víctimas de violencia sexual y violencia intrafamiliar a transitar por los sistemas de la policía y de salud.

Masisukumeni señaló que a menudo resulta difícil para las mujeres obtener la ayuda necesaria de la policía y los hospitales y clínicas estatales.

Ipas Sudáfrica ha quedado impresionada con las sólidas relaciones que ha entablado Masisukumeni con la comisaría y las clínicas locales, informa con entusiasmo Buthelezi.

No obstante, existen varios retos en trabajar en una región tan aislada. Uno de esos retos es las interpretaciones patriarcales de la cultura y la religión para disuadir a las mujeres de buscar intervenciones adecuadas después de una agresión, como la atención segura el aborto. Un mito que Nkosi y sus colegas oyen es que el esposo o novio de una mujer que ha tenido un aborto sufrirá una enfermedad. La mujer debe someterse a una “limpia” realizada por un yerbero (“inyanga”) y abstenerse de tener relaciones sexuales durante seis meses.

Las presiones sociales, especialmente de los miembros de la familia, también han impedido que las mujeres denuncien la violación. En casos de violencia intrafamiliar, las víctimas a veces deciden no acusar a sus agresores porque dependen de ellos financieramente: parejas íntimas que a veces también son el principal sostén del hogar. Estas mujeres a menudo acuden a Masisukumeni para encontrar consejería para los perpetradores.

Otro reto es que Masisukumeni está situado cerca de las fronteras con Suazilandia y Mozambique. Muchas de sus clientas son inmigrantes ilegales, que desconocen sus derechos y que afrontan maltrato y explotación, no sólo por parte de los agresores sino también a manos de los funcionarios del Departamento de Asuntos Domésticos de Sudáfrica. Para tales casos, la organización tiene dos asistentes de abogados, un servicio vital en un país donde más de 60 personas fueron asesinadas en ataques contra inmigrantes el año pasado, pero donde resulta difícil asesorarse con un buen abogado.

Posiblemente parezca una tarea de enormes proporciones, pero Nkosi sabe que todos estos asuntos están entrelazados: las víctimas de violencia sexual necesitan acceso tanto a los recursos jurídicos como médicos, pero también deben conocer sus derechos humanos. La violación es un crimen que también implica el peligro de contraer la infección por VIH y de tener un embarazo no deseado. El personal de Masisukumeni enfrenta su trabajo de manera holística para que las mujeres y niñas puedan encontrar justicia y sanación.



Para mayor información, diríjase a: media@ipas.org