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16 abril 2003

Por Elizabeth Maguire Comentarista de WeNews

Cada año, casi la mitad de las 70,000 muertes mundiales a causa del aborto en condiciones de riesgo ocurre en África. Por ello, debemos apoyar la valiente protesta en África contra la mortal Ley de la Mordaza, restablecida por el Gobierno de Bush.Nota de la redacción: El siguiente artículo es un comentario. Las opiniones expresadas son las de la autora y no necesariamente los puntos de vista de Women's eNews.

Elizabeth Macguire(WOMENSENEWS)--Mundialmente, el aborto en condiciones de riesgo causa la muerte de casi 70,000 mujeres cada año. Casi la mitad de esas muertes -e innumerables lesiones relacionadas- ocurren en África. En Etiopía nada más, mueren más mujeres en hospitales a consecuencia de las complicaciones del aborto inseguro, por lo general ilegal, que debido a cualquier otra causa, informa la Organización Mundial de la Salud. En Etiopía, como en otros países, la mayoría de las mujeres afectadas son muy pobres y muy jóvenes.

Dichas muertes no tienen sentido. Existen las tecnologías y los conocimientos necesarios para impedir las muertes a causa del aborto inseguro, pero, hasta la fecha, aquellos en puestos de poder -incluido el Gobierno de EE.UU., algunas agencias donantes internacionales y muchos de los políticos africanos- no han tomado medidas eficaces. El mundo podría librarse fácilmente de esta calamidad insensata que es el aborto de alto riesgo, si los líderes políticos mostraran compasión hacia las mujeres que son víctimas de éste, reformaran las políticas restrictivas e invirtieran los recursos relativamente pequeños necesarios para lograr la disponibilidad de servicios en condiciones adecuadas.

Con esta finalidad, quiero volver a analizar lo que sucedió recientemente a principios de marzo, mientras la atención y ansiedad del mundo se centraban en la guerra inminente en Irak.

Reunido en Addis Ababa, Etiopía, un grupo de más de 100 líderes africanos de alto nivel en los campos de la salud, derechos, y gestoría y defensa de las mujeres, representando a 15 países africanos, unieron fuerzas en otro tipo de batalla: una campaña para salvar la vida de las mujeres. Ellos evaluaron las trágicas consecuencias del aborto inseguro para la mujer africana, su familia y su comunidad. Los participantes citaron las leyes restrictivas de aborto y la falta de servicios de aborto seguro como las principales razones por las que tantas mujeres mueren y son lesionadas por el aborto en condiciones de riesgo. Después de todo, cuando es efectuado por personal médico calificado, y en condiciones higiénicas, el aborto es uno de los procedimientos médicos más seguros.

La ley de la mordaza mundial lleva a embarazos no deseados

Una y otra vez, los participantes dirigieron su atención al impacto dañino de la Política de la Ciudad de México puesta en vigor por el Gobierno de EE.UU. (así denominada porque fue expuesta en el congreso de población internacional en dicha capital mexicana). También conocida como la Ley de la Mordaza Mundial, esta política niega ayuda financiera de EE.UU. a los grupos de planificación familiar que proporcionan consejería sobre el aborto, que prestan servicios de aborto legal, salvo en circunstancias muy limitadas tales como en casos de violación, incesto o peligro inmediato a la vida de la mujer, o que participan en debate político en torno al aborto.

Los expertos reunidos en Addis saben de primera mano que estas restricciones impiden los esfuerzos para combatir el aborto de alto riesgo y, por ende, limitan la disponibilidad de los servicios de anticoncepción necesarios para evitar el embarazo no deseado. En Etiopía y Kenia, por ejemplo, las reducciones de fondos estadounidenses destinados a organizaciones locales de planificación familiar han llevado a grandes reducciones en los servicios, incluso a la necesidad de cerrar clínicas. Los servicios en las comunidades rurales desatendidas se han visto particularmente afectados.

En contra de las intenciones de las personas que la apoyan, la Ley de la Mordaza Mundial, de hecho, lleva a más embarazos no deseados, más abortos en condiciones de riesgo, y más muertes y lesiones de mujeres y niñas.

La política de la Ley de la Mordaza del Gobierno de Bush impone una agenda moral en los países en desarrollo, que no sólo está en conflicto con los valores y las prácticas locales de muchos países, sino que también perjudica notablemente a su gente, especialmente a las mujeres. En varios países africanos, por ejemplo, donde las leyes y valores locales permiten el aborto si el embarazo amenaza la salud de la mujer, la Ley de la Mordaza impide que las instalaciones que reciben fondos de EE.UU. proporcionen consejería o servicios de aborto seguro en esta circunstancia. Además, la adherencia a la política impide que muchas de las organizaciones y defensores y promotores de la salud de la mujer participen en debates actuales, muy activos, en varios países, respecto a la reforma de las leyes de aborto.

Al final, los participantes en la consultación de Addis se sintieron obligados por su conciencia a oponerse a la Ley de la Mordaza, no sólo de corazón sino también en su comunicado final. Proclamar que ya basta, e instar a su gobierno a hacer lo mismo, constituyó un gran paso para estos líderes.

Lamentablemente, no es nada inconcebible que su franqueza pueda tener repercusiones negativas tanto para individuos como para organizaciones, incluso ostracismo profesional, así como pérdida de financiamiento y de empleo. Ese riesgo es exactamente lo que ha impedido que muchos profesionales de la salud pública en el mundo entero (incluidos muchos en Estados Unidos) hablen en contra de la Ley de la Mordaza Mundial.

Como antigua funcionaria principal en el campo de la planificación familiar internacional en la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional durante la era de Reagan-Bush -cuando la misma política estaba en vigor-, conozco demasiado bien el tormento personal que puede resultar a raíz de ser obligado a poner en práctica políticas que están en desacuerdo con las convicciones personales y el juicio profesional.

Llamados para otras recomendaciones vitales

El comunicado de la consultación de Addis incluye varias otras recomendaciones importantes que, si son tomadas en serio por la comunidad internacional, podrían salvar millares de vidas de mujeres. Uno de estos llamados insta a los gobiernos a cumplir con sus obligaciones de hacer el aborto seguro disponible a las mujeres en casos permitidos por las leyes locales, como en casos de violación, incesto o para salvar la vida de la mujer. En todos los países africanos, se permite el aborto inducido en algunos casos, y en todos existen acuerdos de consenso internacional para abordar el problema del aborto inseguro como una preocupación primordial de la salud pública, tomando medidas tales como aumentar el acceso de una pareja a información y servicios integrales de anticoncepción, y prestar servicios de aborto seguro al máximo grado permitido por la ley.

Además, el comunicado de Addis recalcó apropiadamente que "hasta que las mujeres puedan tomar sus propias decisiones reproductivas de manera segura, no se podrá ni aliviar la pobreza ni lograr el desarrollo económico." Los Objetivos de Desarrollo de las Naciones Unidas para el Milenio, recién adoptados, -entre los cuales figura el objetivo de reducir la tasa de muertes relacionadas con el embarazo en un 75 por ciento para el año 2015- no tienen ninguna esperanza de ser realizados a menos que el problema del aborto de alto riesgo, una de las causas principales de la mortalidad materna, sea tratado de manera eficaz.

Los participantes en la primera consultación regional de África sobre el aborto inseguro mostraron valentía y una visión clara al atacar uno de los asuntos políticos más sensibles del mundo hoy en día. Por hablar en contra de las políticas dañinas del Gobierno de Bush contra el derecho de decidir libremente en cuanto al aborto, ellos se merecen la gratitud y el respeto de todas las personas que se preocupan por la salud y los derechos reproductivos de las mujeres en el mundo entero.

Siempre han ocurrido abortos y seguirán ocurriendo en toda sociedad. El reto, y el imperativo, es hacerlo seguro y accesible. Las investigaciones indican que cada año ocurren 46 millones de abortos y que, mundialmente, una mujer común y corriente tendrá un aborto durante el transcurso de su vida. Detrás de estas estadísticas figuran las mujeres en nuestra vida: madres, hermanas, hijas y esposas.

Con el fin de defender el derecho de las mujeres a opciones reproductivas seguras, debemos todos apoyarnos los unos a los otros en nuestros esfuerzos por lograr dicho objetivo, especialmente en África donde el aborto de alto riesgo inflige las mayores pérdidas.

Elizabeth Maguire es la presidenta y funcionaria ejecutiva principal de Ipas, y la antigua directora de la Oficina de Población de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.


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