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Incluso en Estados Unidos, el acceso está ligado a la posición económica


22 junio 2006
Bemused woman
No importa donde vivan las mujeres, aquéllas con más acceso a recursos financieros con frecuencia tienen más acceso a los servicios de aborto.
Foto cortesía de Richard Lord.

Desde el advenimiento de los métodos anticonceptivos modernos y del aborto legal, millones de mujeres en Estados Unidos han podido controlar mejor su destino reproductivo. Sin embargo, en un informe recién publicado por el Guttmacher Institute, titulado “El aborto en la vida de las mujeres” (“Abortion in Women’s Lives”) se revela que muchas mujeres en EE.UU. no se benefician de estos avances, simplemente porque no pueden pagar por ellos.

En dicho informe se examinan los motivos por los que mujeres de todas partes del mundo tienen abortos, se desacreditan los mitos médicos en cuanto al procedimiento, y se da seguimiento al impacto de las políticas públicas en el acceso a los servicios de salud reproductiva.

También se expone el aspecto económico del aborto, y se documentan las inquietantes disparidades entre las mujeres en Estados Unidos. Y la línea divisora es el ingreso.

Cuando se trata de afrontar los obstáculos a la atención del aborto, una mujer que vive en la pobreza en una zona rural de Misisipí, un estado con un solo prestador de servicios de aborto y con una estricta legislación que ataca las clínicas de aborto, posiblemente tenga más en común con una mujer en México que con una mujer adinerada de una zona urbana de su propio país.

Según el informe, desde la década de los años ochenta hasta mediados de los noventa, mujeres de todos los niveles de ingresos estaban más inclinadas a usar métodos anticonceptivos, y por ende disminuir la probabilidad de embarazo no intencional.

No obstante, desde 1994, las tasas de embarazos no planeados entre las mujeres pobres han aumentado en un 29 por ciento, mientras que las tasas entre las mujeres con mayores ingresos han disminuido en un 20 por ciento.

El dinero hace una gran diferencia; a nivel mundial, la capacidad de pagar por un aborto a menudo garantiza el acceso. En Estados Unidos, casi tres cuartas partes (el 74 por ciento) de las mujeres deben pagar de su propio bolsillo por tener un aborto.

Según las estadísticas de 2001 del Instituto Guttmacher, las mujeres que tuvieron un aborto quirúrgico a las 10 semanas de embarazo pagaron $372 por el procedimiento en las clínicas. Sin los costos más bajos en las clínicas, el costo promedio por este tipo de aborto sería de $468 dólares estadounidenses.

Por esta razón, las mujeres acuden a las clínicas en vez de a sus médicos u hospitales. Esas vías de atención a menudo se encuentran bloqueadas por restricciones federales y estatales sobre el financiamiento para procedimientos de abortos. En algunos estados se limita el uso de seguro médico privado para el aborto o se prohíbe que se utilicen fondos estatales para pagar por dicho procedimiento. Y desde 1977, la Enmienda Hyde ha bloqueado el uso de financiamiento de Medicaid para el aborto, salvo en casos de violación, incesto o cuando la vida de la mujer está en peligro.

Sin embargo, puede resultar difícil conseguir cobertura bajo dichas circunstancias.  Por ejemplo, en el estado de Arkansas, desde 1990, se han rechazado todas las peticiones recibidas para el financiamiento de abortos por Medicaid.

Con el derecho al aborto asediado más que nunca en Estados Unidos, “Abortion in Women’s Lives” demuestra que el derecho al aborto no es distribuido por igual.  Pese a la decisión de 1973 de la Suprema Corte de anular las leyes que prohíben el aborto, las mujeres en Estados Unidos tienen mucho en común con las mujeres en países con leyes restrictivas de aborto. No importa donde se viva, con dinero se compra acceso.


Para mayor información, diríjase a:
Kirsten Sherk
Gerente, Unidad de Comunicaciones

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